La carta del apóstol Pablo a los romanos dice en su capítulo 10: 14-17
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!(E)
16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?(F)
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
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Esta hermosa enseñanza paulina, nos recuerda que hay un proceso para que las almas sean salvas. Y hay elementos que no pueden ser remplazados para que este proceso se lleve a cabo.
En el versículo 14 Pablo nos dice: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?” Una pregunta de fundamento, de comienzo, de profunda repercusión para alcanzar el propósito de Dios hacia las almas. La pregunta es clara e incluye tres elementos básicos. 1) Como 2) Invocar 3) Creer. Todo aquel que se acerca a Dios debe primeramente creer que Dios es real y existe, cuando este entendimiento no es producto de la fe, sino un mero raciocinio de la mente, entonces no hay verdadera conversión. Para ser salvos se necesita creer en el salvador, estar seguro que nuestra confianza puede ser depositada en él y el es suficiente para salvar nuestras vidas de todas las circunstancias adversas en las cuales podamos estar viviendo o que puedan suceder a nuestras vidas. Pero este creer es condicional, implica más que solamente un decir con la boca “si creo”, implica una invocación de suplica profunda del ser que se acerca a Dios. Así que esto nos lleva al centro del argumento, y este es “¿Cómo?” ¿Como pues puede un ser humano clamar a aquel en el cual no cree? ¿Acaso es posible Invocar con fe sin tener una seguridad de que al que clamo me escucha? La respuesta parece saltar desde las líneas de la epístola Paulina a los romanos, y esta es su respuesta, “no es posible invocar sin creer”, primer punto del proceso, 1) es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay.
Esto nos lleva a la segunda pregunta de Pablo en el versículo 14 en cuestión. ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?
Si bien para que un ser humano sea salvo necesita creer en Dios e invocarlo a él, nadie puede hacer esto si nunca ha escuchado que Dios existe, y que quiere salvarlo. Por eso Pablo nos pregunta, inquieta, interroga a sus oyentes y dice: “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?” O sea Pablo nos está recordando que en este proceso de la salvación de un alma, hay un elemento externo que no puede ser ignorado pues sin él es difícil (no imposible, por cuanto no hay nada imposible para Dios), pero muy difícil que el pecador venga e invoque a Dios sin creer y sin conocerle, pues no ha oído de Él, no tiene conocimiento de que hay un Dios poderoso que quiere la salvación de su alma. Ese elemento básico en este proceso eres tú y lo soy yo, somos la voz que clama en el desierto de la vida de miles de seres humanos en profunda necesidad de conocer al creador de los Cielos y la Tierra, pero sino abrimos nuestro labios y les anunciamos esta verdad, no podrán conocer a Dios. Esto nos lleva a la segunda parte del proceso 2) Anunciare a mis hermanos tu verdad.
Siguiendo con el versículo 14 del capítulo diez, nos queda todavía una pregunta que el apóstol Pablo nos hace y esta es: “¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”
Otra de las verdades fundamentales de este proceso es que tú y yo necesitamos estar dispuestos a predicarles las buenas nuevas a los perdidos. Si te convertiste a Cristo, y en tu corazón no vibra la necesidad de compartir la verdad de Cristo con otras personas, quizás necesitas reflexionar en cuál es tu propósito en el Señor, todos los cristianos estamos ordenados, requeridos, mandados a alcanzar las lamas para Cristo, no solo los que Dios ha dado el don de “Evangelista” tienen la obligación de ganar almas para Cristo, no, tu eres llamada a sembrar y a cosechar en la gran comisión de Dios hacia su iglesia.
Muchas veces los cristianos nos conformamos con observar, y gozarnos en la presencia de Dios, cantar coros, y vivir una vida pía sin compromiso. Esta vida de esta manera, déjame decírtelo no agrada a Dios, el que no da fruto para la gloria de Dios, será tomado como la higuera que tenía muchas hojas pero no fruto, y fue secada por la palabra poderosa de Dios. No permitas que el enemigo te engañe haciéndote creer que no es necesario que compartas este evangelio con los perdidos. Dios alaba al que en su viña se esfuerza. Esto nos trae al tercer punto de este proceso: 3) Y este evangelio será predicado a todo el mundo y después habrá un fin.
La última pregunta de este proceso descrito en la carta paulina a los romanos te describe a ti y a mi querido hermano, hermana. Es el llamado de Dios, y Pablo nos dice en el versículo 15 del capítulo diez: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” Dios sigue llamando hombres y mujeres a su redil, llenándoles de su Espíritu Santo, equipándolos para ser a sus ministros llamas de fuego que puedan no solo predicar el evangelio de salvación, sino romper cadenas, destruir potestades, plantar la fe en el corazón de los perdidos, guiar y enseñar las verdades ciertísimas de que Cristo Salva, Cristo Sana, Cristo Bautiza en Espíritu Santo y fuego, y que El viene otra vez por su Iglesia.
El llamado de Dios es el comienzo de tu envió, si fuiste llamado también serás enviado, pues Dios no quiere que solo tengas salvación, sino que en sus manos tú seas la punta de lanza que destruirá fortalezas que se oponen al conocimiento de la verdad de Dios, al conocimiento del propósito que Dios estableció para la humanidad y por lo cual Cristo murió en una cruz colgado y lacerado su costado, traspasada su piel con los clavos del martirio de su crucifixión para darte salvación y vida eterna. Así que si fuiste llamado, también serás enviado, pues Dios te llamo a ser embajador para Cristo, para que anuncies al pueblo que aun no lo conoce que Dios en Cristo estas reconciliando a un mundo pecador para él, los ha alcanzado, y los quiere salvar y restituirlos a sí mismo. Para que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero todo este propósito de Dios, depende de que tu como hijo / hija de Dios escuches y obedezcas al que te llamo para llevar el mensaje de las buenas nuevas de salvación a una humanidad perdida y ciega en sus delitos y pecados. Di en este día como Isaías: “Heme aquí, envíame a mi Señor”.
Finalmente, quiero que recuerdes que Pablo termino su argumento en el versículo 17 con estas palabras: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Acuérdate que tú eres las manos y los pies de Dios, y nadie se salvara si tú no vas y les predicas las maravillas que Dios ha hecho en ti y en tu familia.
Dios te bendiga en todo lo bueno que hagas para su gloria!
Lic. Dervis Hernandez – 2011